Por: Maria C. Zabala / Grupo El Conserje 
Golpes, torceduras y cortaduras que parecen inofensivas están detrás de incapacidades prolongadas y secuelas permanentes. Expertos advierten sobre la importancia de reportar a tiempo.
En el entorno laboral colombiano persiste un riesgo poco visible pero de alto impacto: las lesiones clasificadas como “leves”. Se trata de golpes, torceduras, sobresfuerzos o pequeñas cortaduras que, al no generar un dolor intenso inmediato, suelen minimizarse o incluso ignorarse. Sin embargo, detrás de esa aparente normalidad puede esconderse el inicio de una incapacidad prolongada, una cirugía inesperada o una secuela permanente.
La preocupación crece especialmente en periodos de alta exigencia operativa, cuando aumentan las cargas físicas, se extienden las jornadas y el agotamiento se acumula. En esos escenarios, el cuerpo comienza a enviar señales que muchos trabajadores normalizan hasta que el daño ya está hecho.
Un problema de gran escala
Las cifras más recientes del sistema de riesgos laborales en Colombia muestran la magnitud del fenómeno: se registran más de 1.400 accidentes de trabajo al día, además de miles de enfermedades laborales calificadas y decenas de fallecimientos asociados a actividades productivas.
A esto se suma que el Sistema General de Riesgos Laborales cubre aproximadamente al 55 % de la población ocupada, lo que deja a millones de trabajadores en una situación de mayor vulnerabilidad frente a incidentes no reportados o mal atendidos.
Cuando lo “leve” deja de serlo
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Inflamaciones crónicas y microdesgarros musculares.
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Lesiones de tendones y ligamentos que limitan la movilidad.
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Infecciones originadas en heridas pequeñas mal tratadas.
La Organización Internacional del Trabajo (OIT) advierte que el subregistro de incidentes no solo impacta la salud del trabajador. También reduce la productividad, incrementa los costos operativos y afecta la sostenibilidad de las empresas.
Reportar a tiempo: obligación y protección
En Colombia, la normativa establece que todo incidente laboral debe reportarse dentro de las primeras 48 horas. Si este plazo no se cumple, la Administradora de Riesgos Laborales (ARL) puede objetar el origen del evento, limitando el acceso a atención médica, tratamientos y prestaciones económicas.
Desde Areandina, Heydy González, directora del programa virtual de Seguridad y Salud en el Trabajo, advierte:
“Muchas personas creen que un golpe o un tirón sin dolor intenso no amerita reporte. Ese es el primer error que abre la puerta a complicaciones serias”.
Qué hacer ante una lesión leve
Para evitar que un incidente menor se convierta en un problema mayor, los expertos recomiendan:
El reto hacia 2026: romper el silencio
El subregistro de lesiones evidencia una barrera cultural: el temor a afectar indicadores, perder incentivos o “quedar mal” frente al equipo. Este patrón es más frecuente en sectores como construcción, manufactura y logística, donde la exigencia física es constante.
El llamado de expertos es claro: reportar no genera problemas, los previene. Cada incidente informado es una oportunidad para mejorar las condiciones laborales, reducir riesgos y proteger la salud a largo plazo.
Como concluye González, la seguridad laboral no se construye solo con normas, sino con decisiones cotidianas: escuchar el cuerpo, reportar a tiempo y entender que ninguna lesión es demasiado pequeña cuando está en juego la vida laboral.



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