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jueves, 14 de mayo de 2026

¿Le pagan y se lo gasta todo? El error que más caro pagan los freelancers en Colombia

 Por:  María Camila Zabala / El Conserje Marketing de Opinión para RH

Para muchas personas que trabajan por cuenta propia, el problema no es cuánto facturan, sino cuánto de ese dinero realmente pueden gastar sin meterse en problemas meses después. El error más común es mirar el pago que entra a la cuenta como si todo fuera ingreso libre, y no separar desde el inicio lo que corresponde a impuestos, IVA y renta o seguridad social. Este año, con la UVT fijada en $52.374, organizar ese ahorro ya no es “buena práctica”, es una medida básica de protección del bolsillo.

“La pregunta correcta no es cuánto me tocará pagar al final, sino cuánto debo separar desde cada pago para no ahogarme después”, explica Marcela Salazar Londoño, directora del programa de Contaduría Pública de Areandina, seccional Pereira. Esa lógica cambia por completo la forma de manejar la caja cuando se trabaja por honorarios, contratos de servicios o proyectos freelance.

Primer punto clave: declarar no siempre significa pagar, pero sí exige preparación. Una persona puede quedar obligada a declarar renta por superar topes de ingresos, consumos, consignaciones o patrimonio, aunque el resultado final no siempre sea impuesto a cargo. Aun así, esperar al calendario de vencimientos para empezar a hacer cuentas suele salir caro. “El golpe al bolsillo aparece cuando el independiente improvisa en agosto o septiembre y descubre que ya se gastó el dinero que debía reservar”, advierte Salazar.

Como regla práctica, una guía útil es separar cada mes entre 15% y 25% de los ingresos para cubrir renta y otros efectos tributarios, según nivel de facturación, gastos deducibles, retenciones y régimen. Quien factura más, tiene menos gastos soportados o no proyecta bien, debería acercarse más al 25% que al 15%.

Segundo punto: no confundir retención con ‘plata perdida’. Si una empresa le practica retención en la fuente, ese descuento es un anticipo del impuesto de renta. Es decir, afecta su liquidez mensual, pero luego puede descontarse en la declaración. El problema es de caja: si no lo tiene previsto, siente que le “pagaron menos” y ajusta mal sus gastos.

Tercer punto: si cobra IVA, recuerde que ese dinero no es suyo. Debe tratarlo como un recaudo temporal para entregar al Estado, después de descontar el IVA descontable cuando aplique. “El IVA no puede convertirse en capital de trabajo ni en plata para cubrir urgencias; mezclarlo con la caja personal es una de las causas más frecuentes de descuadre”, subraya la docente.


Cómo ordenar las finanzas para no sufrir al cierre del año


El mayor error de muchos freelancers no está en la DIAN, sino en la forma de administrar el mes. Una estrategia simple y útil es trabajar con tres bolsillos o cuentas separadas.

Bolsillo 1: impuestos (15%-25%).

Bolsillo 2: seguridad social (una reserva preventiva de 12%-15% del ingreso total).

Bolsillo 3: operación y gastos personales. No reemplaza la liquidación exacta con contador, pero reduce el riesgo de gastarse recursos que luego harán falta.

Asimismo, elija bien el régimen de impuesto al cual pertenecer. En Colombia, el independiente puede estar en régimen ordinario o SIMPLE y esa decisión cambia cuánto conviene separar. En el ordinario, el impuesto depende de la utilidad real después de depurar costos y deducciones. En el SIMPLE, se paga una tarifa sobre ingresos brutos según actividad e ingresos. “Escoger un régimen porque suena más fácil, sin proyectar ingresos y gastos del año, es una decisión que puede salir costosa”, señala Salazar.

Igualmente, documente gastos para pagar sobre utilidad y no sobre intuición. Internet, software, equipos, transporte y otros costos relacionados con la actividad pueden ayudar a depurar el impuesto si están bien soportados. Guardar facturas y registrar ingresos de manera periódica no es un formalismo, esto puede cambiar el cálculo y mejorar la planeación.

La recomendación final es hacer una proyección anual sencilla y revisarla cada mes: cuánto facturó, cuánto le retuvieron, cuánto cobró de IVA, cuánto gastó con soporte y cuánto ya separó. Si suben sus ingresos, incremente también el porcentaje de ahorro. Si tiene dudas, consulte temprano y no cuando el vencimiento ya esté encima. Separar primero y gastar después sigue siendo la regla más efectiva para que los impuestos no se conviertan en una crisis de caja. También evita sanciones e intereses por pagos tardíos. innecesarios frecuentes.

domingo, 10 de mayo de 2026

Durar más o vender más: la batalla silenciosa detrás de los smartphones

Por: Sara Gómez // Grupo El Conserje para Reportaje Hiperactivo

Cambiar de celular se ha convertido en una de las decisiones más automáticas en la vida digital. Un nuevo lanzamiento, una cámara mejor o un diseño más delgado parecen razones suficientes. Pero en medio de esa dinámica acelerada, hay una pregunta que rara vez se hace con honestidad: ¿realmente es necesario reemplazar el dispositivo o es una decisión impulsada por hábito?

Durante años, la industria tecnológica ha construido una lógica donde lo nuevo parece indispensable. Sin embargo, los datos cuentan otra historia. El ciclo de reemplazo de smartphones sigue siendo más corto de lo que la tecnología permitiría, impulsado tanto por factores técnicos como por decisiones de consumo.

En Colombia, este fenómeno es especialmente evidente. Cinco de cada diez usuarios cambian su celular cada dos años, y el principal motivo no es la innovación, sino el deterioro de la batería, según el estudio de dinámicas de compra en telecomunicaciones de GfK. Esto revela una tensión clave: la mayoría de las personas no cambia de celular porque el dispositivo dejó de funcionar por completo, sino porque un componente crítico deja de responder al ritmo de uso actual.

Y ahí es donde empieza la conversación que pocas marcas están dispuestas a tener. Porque cambiar de celular no siempre es la solución. En muchos casos, es simplemente la consecuencia de una tecnología que no fue diseñada para durar lo suficiente en condiciones reales de uso intensivo.

Hoy, el smartphone es agenda, billetera, cámara, herramienta de trabajo y canal de comunicación. Su vida útil impacta directamente la economía personal, pero también el entorno. De hecho, el ritmo de reemplazo global se mantiene alto: la tasa de renovación de smartphones alcanzó el 23,7 % en 2024, reflejando un mercado que sigue dependiendo del cambio constante de dispositivos, según las últimas cifras de TechInsights.

“La conversación sobre cambiar de celular debería ser más honesta. No se trata de tener siempre lo último, sino de entender si el dispositivo realmente dejó de responder a las necesidades del usuario”, explica Kenet Segura, PR Manager de HONOR Colombia.

 ¿Cuándo es el momento de cambiar?

Hay señales claras: cuando el dispositivo deja de recibir actualizaciones de seguridad, cuando el rendimiento limita tareas básicas o cuando la batería no logra sostener una jornada completa. En esos casos, el cambio no es un lujo, es una necesidad funcional.

Sin embargo, hay muchos escenarios donde el reemplazo es prematuro. Según los mismos estudios de mercado, el desgaste de la batería suele aparecer alrededor de los dos años de uso, reduciendo su capacidad y obligando al usuario a cambiar de equipo incluso cuando el resto del dispositivo sigue funcionando correctamente.

Esto cambia por completo la lógica de consumo. Porque si el problema principal es la batería, la solución no debería ser reemplazar todo el equipo, sino repensar cómo se diseñan los dispositivos desde el inicio. Ahí es donde la industria empieza a evolucionar. Más que competir únicamente por especificaciones, el enfoque comienza a moverse hacia la durabilidad: dispositivos que mantengan su rendimiento en el tiempo y respondan a escenarios reales de uso.

En ese contexto, marcas como HONOR han empezado a impulsar una narrativa distinta dentro del mercado. No se trata solo de lanzar equipos más potentes, sino de integrar tecnologías que prolonguen la vida útil del dispositivo, especialmente en componentes críticos como la batería, que históricamente han definido el momento de reemplazo.

“El verdadero valor de un smartphone no está en cuánto impresiona el primer día, sino en cómo responde después de meses o incluso años de uso. Ahí es donde se define la experiencia real del usuario”, añade Segura.

Este cambio de enfoque también responde a una evolución del usuario. Hoy, las personas no solo buscan innovación, también buscan durabilidad, eficiencia y una mejor relación costo-beneficio. Porque cambiar de celular cada año no solo es costoso. También genera dependencia tecnológica, frustración por ciclos de consumo acelerados y una falsa sensación de obsolescencia permanente. En contraste, un dispositivo que dura más tiempo no solo mejora la experiencia, también reduce la ansiedad tecnológica.

La pregunta entonces deja de ser ¿qué celular comprar?, y pasa a ser otra mucho más relevante: ¿cuánto tiempo debería acompañarte ese dispositivo? En un mercado que ha promovido el reemplazo constante, empezar a hablar de durabilidad no es menor. Es, en realidad, una conversación necesaria. Y probablemente, una de las más importantes que la industria tecnológica tiene pendiente.
Gracias por leer mi trabajo, su opinión es muy enriquecedora para mi.